Huacho como todos los que te miran y te creen rey, no tienes las culpa de que hayan violado a tu madre y te nombraran así, tan católico, que te bautizaran con lágrimas turbias y sangre de guerra. Igual te odio un poco. Quiero ser justa pero tú no lo haz sido con nadie, será la ponzoña que se ha afirmado a cada nervio de tu cuerpo sin que te dieras cuenta, a través de los años sedentarios.
Tan huérfano como todos, mestizo hasta la lengua y el paladar, qué será de ti, siempre tan lleno de todo, cuando tal vez no quieres nada.
¿Te han preguntado si quiera, Santiago?