me secuestraban camino a la casa. Me tomaban de los pies no sé cómo, por ninguna razón memorable. Me eligían entre la gente que pasaba, me enterraban hasta la cintura y me regaban todas las semanas. Dejaban que me diera el sol en las mañanas y me crecían unas plantas, me salían por los poros unos hongos de color que vendían en la feria tres por mil, me decían buen trabajo y a mí se me fue olvidando todo hasta que desperté.