viernes, 24 de marzo de 2017

Atraso

Cuando el brazo no se la pudo más y se vio obligada a soltar la cartera que se peleaba con la estúpida que trataba de robársela, sus manos se tocaron brevemente y, más que el hombro, esa zona del pulgar le ardió durante todo el día. 
Llegó a pensar que le habían puesto algún veneno en la piel, que vendrían de las noticias a entrevistarla sobre los nuevos métodos de los delincuentes. Le escribió a una amiga, se rieron del tema.
Esa noche despertó a la mitad, mucho antes que la alarma de las seis: había soñado que conocía a esa mujer (la gila que se llevó sus documentos) en una vida pasada y que le había prometido amor eterno, la vio llorar apretando los dientes mientras la observaba desperdirse de su esposo, entendió que ese fue el momento en que había decidido robarle algo. Cualquier cosa. 
Encontró ridículo su sueño, trató de volver a dormir deseando olvidarse del rostro moreno de la joven:  se repitió el mantra de la tranquilidad (no es real) y luego cerró los ojos.
No volvió a ver a la mujer ni fue a dejar constancia a carabineros, mientras esperaba su turno para sacar el carnet pensó que era aweonao sentirse mal, que los sentimientos cambiaban y que ella, la ladrona, debía superarlo.